Abrió su ventana y asomó la cabeza en busca de unos profundos ojos negros. Al minuto, se abrieron las puertas del balcón de enfrente y salió un joven, dirigiendo su mirada hacia la ventana de la muchacha. No sabían sus nombres, pero los dos deseaban que el reloj marcara las ocho, hora en la que volverían a salir para que sus miradas se cruzaran, aunque sólo fuese por un corto espacio de tiempo. Sólo los aplausos fueron testigos de sus breves encuentros.

(octubre 2020)

Este microrrelato nace en mi imaginación, al comienzo de la pandemia, durante el confinamiento.Tantas tardes encerrada en casa, salía a las 20:00 a aplaudir como otros tantos ciudadanos de este país. Y una tarde, mientras aplaudía y miraba a las fincas de enfrente de mi casa, me imaginé el contenido de este microrrelato. No obstante, esta ficción no fui capaz de escribirla en ese momento. El confinamiento, como a todos, también me afectó y no era capaz de expresar belleza en medio de la dureza de la situación social. Pero tenía pendiente escribirla y así lo hice, meses después.