Estos días hemos asistido a un bombardeo informativo con el fallecimiento de un famoso futbolista argentino. Ante todo, DEP Maradona.

Este bombardeo incesante me ha hecho reflexionar un poco.

Yo me acordé del fontanero del primer piso, en la finca que yo vivo, y al que contrato para que arregle los problemas con mi fregadero que se atasca mucho por culpa del desagüe del lavavajillas pero que yo no sé arreglarlo por lo que tengo que recurrir a su inestimable sapiencia.

Para mí, que me desatasquen el fregadero (no piensen en el chiste fácil, por favor) es más importante que ver un partido de fútbol. Esa es mi escala o vara de medir, porque lo primero me resuelve la vida. Si esto lo dijera por redes sociales los insultos me lloverían por todos lados, porque claro Maradona era Dios. Qué barbaridades dicen muchos.

TODAS las profesiones las necesitamos para vivir, al menos como lo hacemos ahora. Ya no vivimos en la época del pleistoceno, aunque el hombre más bien haya involucionado desde entonces. Los precursores de la invención de la rueda idolatraban lo necesario. El hombre moderno no. Ya vemos que idolatra otras cosas y/o personas.

¿Quién decide lo que verdaderamente es meritorio y lo que no?

Como todo en la vida, parece ser que hay profesiones de primera, de segunda y de tercera clase. Como en los trenes y aviones. Alguien ha decidido que darle bien a un balón es más meritorio que nada en el mundo. Nos han educado para que lo creamos así. Me niego a reproducirlo.

Hoy mi reconocimiento va por todos esos profesionales, que nadie habla de ellos, y sin los cuales el engranaje de esta vida no funcionaría. Ellos también nos hacen la vida más agradable. No quiero imaginarme cómo sería tener que lavar a mano todos los días mi ropa, a mí que me duelen tanto los huesos de los dedos de las manos.

No quito mérito a un futbolista, me da igual si era mejor o peor con el balón. No le veo más mérito que al fontanero de mi finca. Y lo hago extensivo a cualquier otra profesión.

Algo no funciona bien cuando medio mundo llora desconsoladamente por alguien con quien no intercambió una sola palabra, sólo porque le gusta el fútbol y no exista medio mundo que llore por niños ahogados en una playa porque su patera ha naufragado y se manifieste públicamente en la calle por ello o que la muerte de este futbolista sea más dolorosa que las de miles de muertes de mujeres maltratadas. Los medios así lo han demostrado estos días, nos han hecho ver lo importante que era Maradona para el mundo y lo poco importante que es todo lo demás.

No lo puedo entender, debe ser culpa de mi absurda escala de valores.