19 de marzo, Día del padre.

El día del padre son todos los días del año, es decir, toda tu vida.

No recuerdo un solo día en que no haya recordado a mi padre, o alguna frase suya, o ver un objeto y que este no me devolviera su recuerdo. Han transcurrido más de 10 años desde que se fue, pero el transcurso del tiempo no ha minimizado la intensidad de su ausencia.

La vida es así, nacemos, vivimos y morimos. Pero no nos enseñan a convivir con la muerte. Aunque, también es verdad que no es que nos enseñen mucho a vivir y convivir con los vivos.

Yo hace mucho que no rezo, ni pido, ni hago las cosas conforme a religiones o credos. Sin embargo, hablo con mi padre, sueño con él, y resuelvo los problemas pensando en su forma de resolverlos, pero no porque yo fuera una persona dependiente de la figura paterna y necesitara su visto bueno, no, no es nada de eso. Es porque siempre aportaba una carga de sabiduría. Discutíamos muchísimo, precisamente porque yo defendía mis posturas a ultranza y me enfrentaba a las suyas. El tiempo me ha demostrado, en infinidad de ocasiones, lo acertado de su pensamiento y lo errado que era el mío. El aprendizaje de la propia vida, el magisterio que otorga la adultez.

Ahora, ya no puedo discutir, pero sí recordarle y aunque no sé si podrá escucharme, yo sigo conversando con él.

Ya me lo decía mi padre:

– Eres muy cabezona, hija

– Y sigo siéndolo, papá.

¡Feliz día del Padre!

Foto: Imagen de MJ Jin en Pixabay