Hoy se cumple el centenario del nacimiento de un cineasta y guionista valenciano, Luis G. Berlanga.

Este año, culturalmente, estará muy marcado por su nombre, aunque no deberíamos olvidarnos de otro gran maestro, Fernando Fernán Gómez. Ambos permanecen en nuestra memoria. Grandes legados nos dejaron estos dos maestros del cine.

Sobre Berlanga hay tanto material, que donde mejor se resume es en la Enciclopedia Libre Wikipedia:

Filmografía de Luis García Berlanga

Cortometrajes

Largometrajes

Otros trabajos

No voy a hablar de sus películas porque creo que todos las conocemos, o al menos todo amante del cine debería conocer; mis preferidas pertenecen a sus trabajos en 1950-60, Bienvenido Mr. Marshall (1953) Plácido (1961) y El Verdugo (1963). Son ellas las que marcaron, sin duda, mi pasión por la forma tan peculiar, que tenía Berlanga, de contar historias.

Luis nos hablaba de la España social, de la miseria contrapuesta a la riqueza, de las familias de su país, de la guerra y postguerra civil, de la España de la ciudad y la de los pueblos. Era muy difícil no identificarse con los personajes que creaba. Pero lo hacía partiendo de la comicidad que plasmaba en el propio guion de la película. Unas veces era un humor muy español, otros muy negro, otros muy simple, pero que interrelacionados ofrecían un humor muy inteligente. ¿A quien se le podía ocurrir, en aquellos años de censura, hacer una película con una historia sobre la profesión de verdugo y su relación tortuosa con la pena de muerte, o acordarse de los americanos y su Plan Marshall de ayuda a los países europeos tras la Segunda Guerra Mundial? Eso sólo tiene una nombre: maestría.

Me fascina Berlanga porque supo retratar nuestra cultura, folclore y vida política y social, como nadie supo hacerlo y como nadie se ha atrevido a seguir haciéndolo, con libertad, a pesar de la censura imperante de la época. Es curioso que en las décadas actuales, de mayor ejercicio de libertad de expresión, sea cuando el cine y audiovisual menos actúe con libertad. El cine es una herramienta para el conocimiento no sólo para el entretenimiento, y esto parece que lo han olvidado mucho, tanto los cineastas actuales como la industria del cine. Pero bueno, eso es otro tema.

También quiero reseñar que sus trabajos se caracterizaban por su estruendo, por la cantidad de personajes con las que jugaba a la vez, con los líos, los enredos, con la música, con interiores y exteriores, con diálogos ágiles, mordaces, exagerados. Conjugaba tantos elementos y todos a la vez, que producía ese ‘locura’ cinematográfica que también inundaba en algunas películas de Buñuel, en las pinturas de Dalí y que tanto nos recuerda a las ‘mascletaes’ de las Fallas Valencianas. Quizás eso sea lo que define el término Berlanguiano, que ya figura en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:

  1. Perteneciente o relativo a Luis García Berlanga, cineasta español, o a su obra. Estudios berlanguianos.
  2. Que tiene rasgos característicos de la obra de Luis García Berlanga. Una situación berlanguiana

En 1997, fue nombrado doctor honoris causa por la Universitat Politécnica de València y en su discurso de investidura pronunció las siguientes palabras:

“Siempre he declarado que mis películas son falleras, pirotécnicas y rodadas sobre la base de la inspiración instantánea, es decir, el ‘pensat i fet’ del que alardeamos al menos yo y espero que algunos de los presentes.”

Me siento profundamente berlanguiana, como Berlanga y, como buena valenciana, pertenezco al sector del ‘pensat i fet’ (pensado y hecho), como Berlanga.

Tenéis abundante material bibliográfico y una amplia filmografía que está al alcance de todos. Esta semana en televisión reponen muchas de sus películas, aprovechad para conocer su obra o para revisitarla, porque siempre es un placer y además, si tenéis ocasión, visitad las múltiples exposiciones que se dan cita este año sobre su obra.

¡Felicidades, Maestro!