Dicen que hoy es el día de los abuelos y de las abuelas. En mi tierra los llaman «iaios«, pero los míos eran andaluces, así que me refería a ellos con la palabra abuelo/a.


Hace muchos años que los míos se fueron y vivo con los recuerdos que tengo de ellos.


Sólo conocí a tres de mis abuelos, mis dos abuelos y a mi abuela paterna. Cuando nací, mi abuela materna ya había fallecido años atrás.

Mis tres abuelos residían en Andalucía, – mis antepasados más cercanos se localizan en tierras andaluzas – mientras mis padres residían en tierras valencianas. Cosas de la emigración.


Mi infancia solo la relacioné con mi abuelo materno, y la relación con mis otros dos abuelos fue muy corta y menos estrecha. Más que la sangre, tira el afecto, y como dice la frase: el roce hace el cariño. Es muy cierto.

Mi pasión abuelística (*) o abuelil (*) la centraba en mi abuelo materno. Se llamaba Vicente. Cosas del destino, un andaluz con nombre muy valenciano. ¡Qué bonita casualidad!


De mi abuelo Vicente sólo disfrutaba medio año, pero cómo lo disfrutaba y cómo le echaba de menos en su ausencia semestral. La distancia es así de puñetera, pero el afecto no conoce distancias ni tiempos.

Cuando miro hacia atrás y recuerdo el tiempo vivido con mi abuelo, te das cuenta del importante eslabón que representa dentro de la cadena familiar, en tu cadena de afectos.


Por ese afecto tan bello, sólo diré una cosa, si os encontráis entre los privilegiados que disfrutáis de vuestros abuelos, vivid intensamente esos momentos, porque serán, sin duda alguna, unos de vuestros mejores recuerdos.

Abuelístico/a y Abuelil son dos términos inexistentes en nuestro Diccionario de la RAE (Real Academia Española, Institución cultural dedicada a la regularización lingüística entre el mundo hispanohablante).

Abuelil, cualidad de abuelo, perteneciente o relativo al abuelo. Término acuñado por Pedro Salinas, en 1948, en una carta que escribió a Jorge Guillén, con motivo del nacimiento de su nieto (hijo de su hija Soledad).

Es increíble que nuestro Diccionario recoja vocablos absurdos, por muy cotidiano que sea su uso, y desee abarcar palabros hasta lo inasumible y, sin embargo, no contenga una palabra para referirse a todo lo concerniente a este parentesco tan presente en la historia de las familias españolas y tan importante en la historia española de las familias.